lunes, 11 de octubre de 2010

LA CRISIS ECUATORIANA

Hace apenas 24 horas un grupo de policías se sublevaron en Quito, generando una crisis política de grandes proporciones en la que se vio comprometida la integridad física del presidente de la República. Teniendo en cuenta que una de las realidades que caracterizan el ambiente político y económico de un Estado es la democracia, de qué manera la realidad actual ecuatoriana es garantía de plenitud y ejercicio  democrático?

Brevemente podemos indicar que Ecuador en los últimos 15 años ha tenido tres destituciones de presidentes por diferentes motivos. En el 97 Abdala Bucaram duro tan solo 6 meses, destituido por incapacidad mental y fue reemplazado por Fabián Alarcón quien fue nombrado de manera interina por el congreso,  18 meses después recibió el cargo por tres días Rosalía Arteaga, quien fuera la vicepresidenta de Bucaram, el senado ratificó entonces nuevamente a Fabián Alarcón.  En el 98 fue elegido Jamil Mahuad quien fue derrocado un año y medio después por el Coronel Lucio Gutiérrez, asumió entonces la presidencia  Gustavo Noboa quien fuera el vicepresidente de Mahuad. En el 2003 asumió el ex golpista Coronel Lucio Gutiérrez quien fue destituido por el congreso dos años después, asumiendo el poder su vicepresidente Alfredo Palacio. Luego se posesiono el actual presidente quien va por su segundo mandato con varias crisis a cuestas pero ninguna con la trascendencia de la de ayer 30 de septiembre.

El pequeño resumen anterior nos deja entrever una gran fragilidad de los poderes políticos en Ecuador, estos no tienen una estructura que les permita ser solventes en tiempos de crisis. Se presenta una mezcla entre los sistemas de gobierno presidencialista y parlamentario, parámetros bajo los cuales en el artículo 148 de la constitución se permite la figura de la muerte cruzada, esto es la facultad del Ejecutivo de disolver el parlamento y citar a nuevas elecciones bajo dos condiciones que implican grave ingobernabilidad. Así  las cosas el poder legislativo unicameral ecuatoriano con mayoría oficial pero dominado ideológicamente por la oposición dificultan la tarea del ejecutivo manteniendo una situación de conflicto de poderes que da espacio a la intriga y la acción sombría de intereses anárquicos y desestabilizadores, cuyo resultado es lo que estamos viendo desde hace 24 horas en la televisión.

Pero vamos un momento a los hechos: una reforma de ley que fue aprobada en la que se afectaban algunos intereses económicos de la fuerza pública ecuatoriana se convirtió en  el florero de Llorente, pero realmente fue la razón de la revuelta?.
Hace tan solo unas semanas se venían discutiendo dos proyectos de ley importantes sobre la ley de aguas y la ley de servicios públicos, estos dos proyectos fueron atacados por la oposición, que es minoría en el parlamento, a la que se han venido sumando varios senadores oficialistas. Esta situación no sería preocupante, de no ser porque se ha convertido en algo sistemático que ha afectado el poder del ejecutivo, quien desde la semana anterior estaba contemplando la posibilidad de invocar el artículo 148 de la constitución ecuatoriana que mencione en el párrafo anterior, esta situación no es un hecho aislado y puede tener que ver más con lo ocurrido el día de ayer que el descontento obvio de la fuerza pública.

Otro elemento se suma a lo anterior y es que como se explico al comienzo, esta generación en Ecuador ha vivido una democracia compuesta por unos poderes débiles e inestables, que han permitido la rotación del poder ejecutivo, en el que casi han gobernado durante más tiempo los vicepresidentes que los titulares, donde los militares y policías ejercen presión y manipulan políticamente el poder, donde la economía y el desempleo fragmentan una sociedad ya acostumbrada a ver en esa inestabilidad una forma legítima de relación de poderes en su democracia.

Con lo anterior tenemos entonces el cuadro completo: Un pueblo acostumbrado a vivir bajo la inestabilidad política, un parlamento amenazado con una oposición manipuladora e influyente y por último unos policías descontentos y agresivos. Esta coyuntura facilitó la incitación de los últimos por parte de  líderes políticos que impulsaron y manipularon la situación poniendo en vilo a un gobierno legítimo y atentando contra la democracia de esta Nación. Esto no deja de ser tan solo una conjetura que seguramente con el correr de las horas o los días lograra hacerse más visible ante la opinión pública. Es necesario mencionar que lo anterior fue facilitado por una torpe reacción del presidente quien con mucho temperamento pero poca inteligencia y tacto enfrento a una turba de manera desafiante, facilitando que todo desembocara en una acción violenta que avergüenza hoy a la sociedad ecuatoriana.

De toda esta situación saldrá fortalecido el presidente Correa, quien desde el mismo momento de los hechos contó con el apoyo de la ONU y de los gobiernos de la región, quienes fueron convocados por el presidente protempore de UNASUR y manifestaron su apoyo unánime al poder Legítimo en Ecuador en la figura de su presidente. Además estos hechos y la reacción inmediata de este órgano regional (UNASUR) fortalecerá también su imagen algo devaluada por la poca efectividad mostrada en el pasado, de hecho se planea que para hoy 1 de octubre presidentes de los países integrantes de UNASUR estén presentes en Ecuador manifestando su apoyo a Correa y de esta manera enviar un mensaje muy claro de unidad suramericana, que está lejos de la realidad  por las enormes diferencias ideológicas y políticas, pero que es también un tema que puede ser superado ya que  estas  no están enraizadas en los pueblos sino encarnadas en gobernantes con liderazgos fuertes que seguramente se desmoronaran con el tiempo y las desilusiones de sus electorados.

Se concluye entonces que la situación de crisis política generada en Ecuador fortalece a Rafael Correa en su liderazgo político, pero no a la figura y majestad de la presidencia, a la vez que debilita la democracia ecuatoriana de por sí ya golpeada en la historia reciente por la fragilidad de sus instituciones. Hechos como el de ayer deslegitiman la autoridad de  la figura presidencial, socavan el inconsciente colectivo de un pueblo y hacen de la  anarquía una alternativa viable para la solución de los conflictos políticos.