En todos los conflictos
entre comunidades, siempre, las partes involucradas han buscado conocer información
de su contraparte, de manera que esta le ayude a sobreponerse ante una eventual
refriega. Así, una tribu infiltraba o penetraba a la tribu adversaria, y esos
datos eran bien valorados y explotados
en la confrontación.
Solo la imaginación le
pone el límite al alcance de los medios que permitan hacer “inteligencia”, y el
paso de los años, aunado al desarrollo de alta tecnología, la ha convertido en
un negocio multimillonario, empresas pagan cifras increíbles por información
sobre las estrategias comerciales y de producción de la competencia. En la
Política está a la orden del día, y es insumo esencial para el desarrollo de estrategias
que les permiten a los políticos, por más incompetentes o corruptos que sean, permanecer en el poder y salir elegidos tras
un entramado complejo de alianzas y compromisos, producto de una buena
inteligencia.
Mucho más en medio de
un conflicto como el colombiano, en el que sobrevivir es cuestión de
astucia, el desarrollo de actividades de
inteligencia están a la orden del día, cabe mencionar que estas actividades son
obviamente violatorias de la intimidad de las personas o invasivas dentro de
las estructuras de las que se quiere obtener información, de no ser así, pues solo bastaría googlear la pregunta,
así que estas actividades se mueven siempre en ese difuso límite de lo legal y
lo ilegal, sin tomar en cuenta otras consideraciones éticas.
El Presidente Santos ya
salió a rasgarse las vestiduras por las acciones que el Ejército adelantaba,
interceptando las comunicaciones de importantes líderes de izquierda y
negociadores del proceso de La Habana, condenando públicamente una actividad
que para él fue tarea habitual durante los muchos años que estuvo frente al
Ministerio de Defensa, mencionó como él solito acabo con el DAS, valga decir
que es la única entidad de inteligencia del mundo que fue liquidada sin oponer
resistencia, la información es poder, excepto para el DAS de Colombia.
Grave si, muy grave,
que el Ejército Nacional y sus analistas sean tan ilusos de pensar que alguna
información trascendental la iban a manejar estos personajes por vía mensaje de
texto o correo electrónico; Grave, muy grave que labores de inteligencia que
exigen un altísimo nivel de confidencialidad y compartimentación, sean
manejadas de manera folclórica y descuidada, permitiendo que la unidad
investigativa de una revista, descubra con el
detalle y la exactitud con que la está difundiendo, sin hablar de lo
oportuno que ha resultado para los intereses de las FARC, quienes a esta hora
prepararan un memorial de agravios, el cual contendrá recriminaciones,
acusaciones y señalamientos que tendrán como propósito sacar ventaja a sus
pretensiones, cortesía del sector Oficial del gobierno encargado de la Defensa.
Grave, muy grave es
hoy, al igual que hace miles de años en las cavernas, que quien debía traer la
información sea descubierto, expuesto y castigado, por bruto, incompetente o
desleal.
04 de Abril del
2014.