Si en un restaurante debiéramos ser testigos directos de cada uno de los pasos que se siguen para preparar los alimentos que luego vamos a consumir, es muy probable, que nuestro apetito desparezca ante el banquete, se aplica el dicho de los abuelos: A todos nos gusta el sancocho, pero no queremos saber cómo lo hicieron.
Así mismo está pasando con el proceso que todos queremos llegue a darse con las FARC, pero la mayoría hacemos ojos ciegos al día a día, negamos sistemáticamente realidades tan dramáticas que por la gravedad de lo que implican nos parecieran absurdas e incoherentes, si no es así, como poder explicar un acto demente de contaminación con más de 5.000 barriles de crudo deliberadamente derramados sobre fuentes hídricas, hechos realizados con total premeditación y conocimiento de las consecuencias directas para las comunidades más pobres del Putumayo e indirectas para todos los colombianos, como entender lo incoherente que esta acción resulta frente al discurso en La Habana, donde hablan de usos de tierra que garanticen la protección de los ecosistemas, la sostenibilidad socio ambiental, el derecho al agua, la producción de alimentos y la soberanía alimentaria.
Que puede estar pasando cuando vemos un discurso en una dirección y unas acciones en la dirección totalmente opuesta?
El gobierno y los medios están vendiendo la idea que se está negociando La Paz, en realidad se está tratando de negociar el cese de un conflicto, particularmente uno cuyas raíces están entrañablemente acuñadas en lo más profundo del desarrollo social, cultural y político del Estado colombiano, con esto quiero decir que, La Paz es un producto que no veremos cristalizado con la simple firma de un acuerdo. Lo que es más preocupante es que la sociedad no quiera ver como el gobierno se empeña a fondo en ese propósito, ofreciendo más de lo que debiera, para no terminar luego de 8 años con una silla vacía, con un papel en blanco, con el rotundo fracaso de una administración que se nos ha dado por partida doble, de la cual no habría nada más que rescatar.
Vacío y sin sentido seria el legado de un gobierno que tras ocho años, exponiendo a la nación a recibir ignominias y ataques, no pueda entregar el dichoso papelito firmado, pero aun peor el de la que entregue un acuerdo, cuyo trámite haya exigido mancillar los límites de lo aceptable, defendiendo lo indefendible y permitiendo los abusos, los ataques y colocando a este país al borde de un abismo del cual una vez adentro, nos va a ser muy difícil salir.
Hace 20 años los Venezolanos no sospechaban que hoy estarían como están, eso hubiese sido solo un chiste mal contado, así mismo, los colombianos hoy desestimamos las consecuencias de lo que está ocurriendo aquí y en La Habana, quiera Dios que en 20 años o antes, no estemos lamentando profundamente no haber actuado con interés, valor e inteligencia.
No queremos saber cómo están preparando el plato que nos han de servir, lo poco que de ello sabemos esta condimentado de mentiras, artículos de prensa saturados de azúcar, revistas y periódicos colando y colando, mientras que el crudo contamina las aguas, mientras se bloquean las vías, mientras se asesinan a miembros de la fuerza pública, mientras la inseguridad se toma las carreteras y las ciudades, mientras en La Habana unos criminales dicen una cosa, mientras los criminales de aquí hacen otra, con un componente alarmante y es sin saber si los criminales unos y los criminales otros son los mismos o son dos ya diferentes.
10 de junio del 2015