Delira
el Presidente cuando ratifica que en un año se firma la paz, es necesario que él
y los ciudadanos entiendan que si algo se llega a firmar en La Habana no será la
Paz. Si después de cerradas todas las rondas de negociación y agotada la agenda,
se logra diseñar algún acuerdo o preacuerdo, este no será para pactar la paz, será
para pactar el cese del conflicto que es una cosa totalmente diferente.
Así
que cuando el Presidente-candidato Santos habla de terminar el servicio militar obligatorio,
es claro que desconoce o que omite voluntariamente, lo que viene después de una
firma o refrendación, si es que la logran, de un posible acuerdo con las FARC.
El
Salvador sufrió un conflicto similar al colombiano, durante 12 años esta nación
vivió un conflicto interno que finalizó el 16 de enero de 1992 con la firma de
los Acuerdos de Paz de Chapultepec, este dejo más de 80.000 muertos, 550.000
desplazados y más de medio millón de refugiados en otros países, los
integrantes del FMNL, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, se desmovilizaron,
para luego organizarse en pequeños
grupos, que potencializaron el fenómeno de las pandillas conocidas como
salvatruchas, que son hoy en día una organización internacional de pandillas
con más de 80.000 integrantes y que son un azote para el norte de Centroamérica
y una zona de los EEUU.
Este
no fue un fenómeno exclusivo de ese país, es lo que
normalmente pasa luego de una negociación como esta, con organizaciones cuyos
integrantes han actuado al margen de la legalidad toda la vida, se desmovilizan
para luego mutar en otras y continuar delinquiendo, en este punto involucrémosle
un negocio lucrativo como el narcotráfico y tenemos lo necesario para dar el génesis
de otro tipo de violencia.
Entonces,
ante una posible desmovilización, el grupo en cuestión evidenciará de manera
clara las divisiones internas que lo debilitan, generando disidencias que convertirán
un gran problema, en muchos problemas, es decir, de lo que son las FARC se desmovilizaran
algunos de sus combatientes, las disidencias trataran de fortalecerse
incrementando los niveles de reclutamiento forzado de niños y jóvenes, disparando sangrientas disputas regionales
contra las otras disidencias y también contra las otras organizaciones ya
existentes por el control territorial , todo girando alrededor del negocio que ha
sido el oxígeno de esta guerra como lo es el narcotráfico.
Muchos
de los integrantes de esta organización se desmovilizaran y vivirán de los subsidios
que genere el gobierno, como estos no serán sostenibles a largo plazo, llegará una
situación en la que dichos desmovilizados, con amplia experiencia en la extorsión,
el secuestro y el terrorismo, se organizarán y dispararán los niveles de estos delitos en el país, especialmente
en las medianas y grandes ciudades, entonces a la vuelta de uno o dos años
tendremos la urbanización de este tipo de criminalidad y violencia, que estaba
casi reservada a lo rural y que a veces a los habitantes de las ciudades les
parece ajena.
¿Cómo
entonces pretende desmontar el servicio militar obligatorio, si después de que
se firmen los acuerdos, es cuando más gente dedicada a la seguridad de los
ciudadanos va a requerir el Estado?
Que
el presidente sabe esto, claro que lo sabe, pero es que estas realidades no son
un buen discurso prelectoral, el Presidente Santos da por sentada la ignorancia
y el desinterés de nosotros en estos temas, lanzando propuestas populistas y demagógicas,
calculadas para impactar a un electorado asustado, que no tiene para dónde coger,
con dos opciones cuestionables y de las
cuales deberá escoger la menos lesiva para el futuro de su familia y sus hijos.
Junio
4 del 2014