jueves, 5 de junio de 2014

SANTOS Y EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO.

Delira el Presidente cuando ratifica que en un año se firma la paz, es necesario que él y los ciudadanos entiendan que si algo se llega a firmar en La Habana no será la Paz. Si después de cerradas todas las rondas de negociación y agotada la agenda, se logra diseñar algún acuerdo o preacuerdo, este no será para pactar la paz, será para pactar el cese del conflicto que es una cosa totalmente diferente.

Así que cuando el Presidente-candidato Santos  habla de terminar el servicio militar obligatorio, es claro que desconoce o que omite voluntariamente, lo que viene después de una firma o refrendación, si es que la logran, de un posible acuerdo con las FARC.

El Salvador sufrió un conflicto similar al colombiano, durante 12 años esta nación vivió un conflicto interno que finalizó el 16 de enero de 1992 con la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, este dejo más de 80.000 muertos, 550.000 desplazados y más de medio millón de refugiados en otros países, los integrantes del FMNL, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, se desmovilizaron,  para luego organizarse en pequeños grupos, que potencializaron el fenómeno de las pandillas conocidas como salvatruchas, que son hoy en día una organización internacional de pandillas con más de 80.000 integrantes y que son un azote para el norte de Centroamérica y una zona de los EEUU.

Este  no fue un  fenómeno exclusivo de ese país, es lo que normalmente pasa luego de una negociación como esta, con organizaciones cuyos integrantes han actuado al margen de la legalidad toda la vida, se desmovilizan para luego mutar en otras y continuar delinquiendo, en este punto involucrémosle un negocio lucrativo como el narcotráfico y tenemos lo necesario para dar el génesis de otro tipo de violencia.

Entonces, ante una posible desmovilización, el grupo en cuestión evidenciará de manera clara las divisiones internas que lo debilitan, generando disidencias que convertirán un gran problema, en muchos problemas, es decir, de lo que son las FARC se desmovilizaran algunos de sus combatientes, las disidencias trataran de fortalecerse incrementando los niveles de reclutamiento forzado de niños y jóvenes,  disparando sangrientas disputas regionales contra las otras disidencias y también contra las otras organizaciones ya existentes por el control territorial , todo girando alrededor del negocio que ha sido el oxígeno de esta guerra como lo es el narcotráfico.

Muchos de los integrantes de esta organización se desmovilizaran y vivirán de los subsidios que genere el gobierno, como estos no serán sostenibles a largo plazo, llegará una situación en la que dichos desmovilizados, con amplia experiencia en la extorsión, el secuestro y el terrorismo, se organizarán y dispararán  los niveles de estos delitos en el país, especialmente en las medianas y grandes ciudades, entonces a la vuelta de uno o dos años tendremos la urbanización de este tipo de criminalidad y violencia, que estaba casi reservada a lo rural y que a veces a los habitantes de las ciudades les parece ajena.

¿Cómo entonces pretende desmontar el servicio militar obligatorio, si después de que se firmen los acuerdos, es cuando más gente dedicada a la seguridad de los ciudadanos va a requerir  el Estado?

Que el presidente sabe esto, claro que lo sabe, pero es que estas realidades no son un buen discurso prelectoral, el Presidente Santos da por sentada la ignorancia y el desinterés de nosotros en estos temas, lanzando propuestas populistas y demagógicas, calculadas para impactar a un electorado asustado, que no tiene para dónde coger,  con dos opciones cuestionables y de las cuales deberá escoger la menos lesiva para el futuro de su familia y sus hijos.

Junio 4 del 2014

miércoles, 4 de junio de 2014

LA CAMPAÑA DE LA PAZ


El tema de la Paz, se ha convertido en motivo de guerra, de una sucia y desvergonzada andanada de ataques entre los candidatos, que refleja lo ruin que resulta esa actividad en Colombia. Este tema de la Paz, se ha convertido en bandera electoral, arrastrando, como un hoyo negro, todo lo que rodea el escenario de los diálogos secretos de La Habana, y de los cuales solo se sabe oficialmente que van muy bien, sin aclarar bien para quien.

El último round de esta vergonzosa jarana, se libra en terrenos sensibles para los militares colombianos, por cuenta de un comercial en el que el Presidente-candidato,  pregunta a un grupo de madres si prestarían sus hijos para la guerra. El sentido común responde esta pregunta, no es necesario invertir los millones que cuesta la edición de un comercial en formato televisión, para saber que ningún padre sensato lo haría y menos en un país como Colombia, en donde por antonomasia, esta tarea se relegó a los hijos de familias de los estratos medios y bajos de la sociedad, quienes deben morir en las selvas, mientras que los otros cuando se incorporan, lo hacen para pasar su servicio militar como traductores en el Sinaí o para utilizar los centros de entrenamiento militar como campamento de verano con actividades extremas, como ocurrió con el joven soldado Estaban Santos, quien fue prestado por su madre de él, doña Clemencia, para que fuera a practicar paracaidismo y desfilar televisado nacionalmente, recibiendo procazmente los honores reservados para héroes de la patria.

Una bofetada a los rostros de esas madres, a quienes abrazar una bandera les permite recordar a sus hijos asesinados, defendiendo esta nación que no merece su sangre, ni sus lágrimas. El Señor Presidente, en su desespero por ganar votos, le arrebata a esas madres el único consuelo del estoico sacrificio de sus hijos, deslegitima la naturaleza de un deber, arrastrándolo al terreno de la indignidad y la abyección, en el cual por su naturaleza él, se siente cómodo.

¿Cómo podemos los colombianos refrendar sobre propuestas que tienen de rehén una oferta de paz? , ¿Cómo podemos aceptar una negociación cuyos términos se desconocen, de la que solo vemos en los medios declaraciones de los cabecillas actuando con la arrogancia de un conquistador?

Hay demasiado en juego, las elecciones que vienen pueden cambiar radicalmente las condiciones políticas del Estado, estas elecciones de segunda vuelta presidencial no son un proceso usual, son historia.

Los ciudadanos debemos asistir masivamente a la urnas, expresemos nuestro sentir de la manera que mejor cada uno lo interprete, que lo que sea que se decida, se haga con la voluntad de esa inmensa mayoría de colombianos pensantes y abstencionistas, y no a voluntad de los orates que venden su voto, prostituyendo sus derechos democráticos, es nuestra responsabilidad para con la Patria, la Nación y la historia.
 

03 de Mayo del 2014.