Tanto en la poesía como en la lírica, se encuentran
diferentes tipos de rimas, estas consisten en la repetición de una secuencia de
sonidos, conocidos como fonemas a lo largo de los versos, en general suelen
darse a partir de la última vocal acentuada, sin embargo, hay diferentes
recursos para producirlas.
Estas repeticiones fonéticas como mantras, tienen un
efecto psicológico, los campesinos, nuestros juglares rurales, son expertos en
montar espontáneamente rimas en sus versos, incorporan los mensajes que allí se
forman como axiomas culturales, verdades absolutas, nada más cierto que lo dicho
en verso. Hay un relato en Bogotá (Colombia) que data de 1895, que hace
referencia al fraile español Francisco Margallo y Duquense, de quien se decía poseía el don de la precognición, tenía visiones del futuro, muchas de ellas
según rumoraban los pobladores, acertadas.
Se encontraba dando su sermón dominical el padre
Francisco, y en medio del discurso vino una profecía en los siguientes términos:
“En un mes de agosto / de un año que no
diré / sucesivos sismos / destruirán a Santafé”, es necesario mencionar que
en esa época Bogotá se llamaba Santafé de Bogotá; otras versiones indican que
lo dicho en medio de su trance fue: “En
un mes de agosto / de un año que no diré / Monserrate y Guadalupe / hundirán a
Santafé”, siendo Monserrate y Guadalupe los cerros tutelares de la ciudad, como
quiera que haya sido, la profecía estaba en verso; así que que a partir de 1895, cada año, llegado al mes de agosto, se
generaban romerías y procesiones buscando que la intervención divina evitara la
tragedia, finalmente el 29 de agosto de 1917, se materializó el vaticinio
mediante una serie de terremotos. Durante 10 días se presentaron constantes
movimientos telúricos, siendo el más fuerte el del 31 de agosto, hubo daños en
los edificios más importantes de la época, una de ellas la torre de la iglesia
de un barrio tradicional llamado Chapinero, allí perecieron 6 mujeres.
Como lo deja entrever el relato, se hace necesario
recoger las tradiciones, costumbres, cosmovisiones, creencias e incorporarlas
de manera integral a la gestión de riesgo de desastres.
Un proceso social de prevención que resulte exitoso en
Japón puede ser un fracaso en cualquier otra parte del mundo, por esta razón se
debe tener en cuenta para su
construcción, el contexto cultural y la especificidad territorial para el
adecuado diseño e implementación de las actividades. En tal sentido se sugiere una
metodología sencilla que potencie la efectividad de las
acciones a realizar.
Enmarcar la prevención como parte del proceso de
reducción de riesgo de desastres es de total pertinencia, para ello se deben
tener en cuenta los componentes básicos
del riesgo: La amenaza y la vulnerabilidad.
La amenaza, definida como esa posibilidad de que un
evento físico de origen natural o antropogénico no intencional se materialice,
resulta muy difícil de intervenir, es decir, no hay manera de reducir la
posibilidad de que ocurra un terremoto o un evento ciclónico; lo que si podemos
intervenir es la vulnerabilidad, disminuyendo la susceptibilidad de afectación
de los sistemas, específicamente en lo que este escrito propone, la dimensión
sociorganizativa de la vulnerabilidad.
Para lograrlo se propone desarrollar dos componentes:
Este primer componente incorpora toda actividad que
tenga como propósito informar a las comunidades sobre el riesgo, logrando que
las personas lo conozcan, lo comprendan e interpreten las acciones básicas a
seguir:
Prepararse, Actuar
y Recuperarse.
Se requiere preparase mental, física y
psicológicamente para apropiarse de las acciones individuales frente a la
ocurrencia de un evento, adecuar estructuralmente su entorno, desarrollar un
plan familiar de emergencias en el que se prevean los escenarios posibles y se
proyecten las acciones, diseñar un plan
de comunicaciones, establecer puntos de encuentro para los integrantes del núcleo familiar,
identificar redes de apoyo, organizar un
kit básico de emergencias, adelantar los ajustes necesarios a las viviendas
para enfrentar la situación coyuntural entre otras.
Actuar, adelantando
ejercicios de simulacro que posibiliten practicar
cómo reaccionar frente al evento, identificar en los entornos cotidianos, la
manera de materializar en ellos esas
acciones, mecanizar instintivamente reacciones que puedan salvar vidas.
Por último considerar las acciones posteriores a la
ocurrencia del evento, esto permitirá iniciar el proceso de recuperación
individual, limitando la posibilidad de que acciones inadecuadas sean
generadoras de más riesgo para sí mismo y para terceros.
Este segundo componente está integrado por aquellas
actividades que ya no solo informan sino que movilizan, que generan dinámica
social, que organizan los entornos y las comunidades con el propósito de hacer
frente a un desastre, estas actividades permiten
asignar roles, tareas específicas a cada persona dentro de la comunidad, en el trabajo, en el grupo social, logrando
pasar del nivel individual al colectivo.
Se sugiere que su base sean las organizaciones voluntarias o comunitarias
existentes, quienes pueden liderar, estructurar, implementar y desarrollar
estas acciones.
Por último las actividades e iniciativas que hagan
parte de estos componentes, deben tener un proceso de diseño:
El primer paso
consiste en definir el riesgo que se va a intervenir, existen regiones o
zonas geográficas que están expuestas a uno o varios riesgos, cada uno de ellos
requiere una preparación diferente, lo que implica acciones particulares, por
lo que priorizar y definir sobre cual
actuar, es la base para desarrollar el proceso.
El segundo se refiere a definir la población objetivo,
¿quiénes son las personas a quienes se les va a llevar el proyecto?, ¿Cuál es
su nivel cultural?, ¿Cuáles son sus costumbres?, ¿Cuáles son sus edades?, ¿Cuál
es el porcentaje por género, ¿Cuáles son sus necesidades?, estos entre otros
muchos interrogantes deben ser resueltos, para ello es necesario conocer detalladamente
sus características y así se habilita el siguiente paso.
Este consiste en definir las actividades, las cuales
deben tener coherencia con el diagnóstico del que nos ocupamos en el paso
anterior, es decir, especificidades; si se va a trabajar una comunidad en la que priman
personas con algún nivel de analfabetismo sería inútil llevar información
impresa o escrita, si la población objetivo es una escuela, las actividades
deben tener un alto componente lúdico. El lenguaje también es importante, la información
técnica resulta difícil de digerir, es por ello que se requiere de un léxico
acorde a la comunidad participante, esto hace posible la comunicación asertiva.
Un cuarto paso consiste en gestionar los recursos
para ejecutar el programa, darle sostenibilidad financiera, a través de la
gestión y articulación de acciones, asociándose con las autoridades y
organizaciones interesadas en su desarrollo. Es importante tener en cuenta que
una comunidad expuesta a un riesgo, las que en un alto porcentaje corresponden
a familias de escasos recursos con un sin número de necesidades básicas
insatisfechas, no tienen como prioridad gestionar el riesgo en su entorno; planteándolo de otra manera, si bien se conoce
que existe una posibilidad de que algún día ocurra aquí un terremoto pero a la
vez no tengo con que comprar la leche para el desayuno, no tengo como conseguir
unos zapatos para el uniforme del colegio a mis hijos, entonces mis prioridades
son otras; la prevención con hambre no entra, por ello es básico integrar estos
programas a intervenciones sociales que alivien de alguna manera esas
angustias del día a día de esas personas, familias y comunidades.
El quinto paso sería la implementación del programa,
teniendo en cuenta que se lleve un registro y un seguimiento que permita
realizar los ajustes que se requieran durante la ejecución, que nos permita
incorporar nuevos actores que faciliten el alcance del objetivo propuesto.
Un sexto paso, muy importante es la elaboración
de los informes, en los que se detallen los logros obtenidos, esto
especialmente destinado a quienes lo financiaron, para que ellos sepan que se
logró con su aporte y sus recursos, de ser posible, estos informes deben ser
elaborados de manera particular, haciendo énfasis en los datos de interés para
cada destinatario, de manera que estimule darle continuidad al proyecto e
involucrarse en nuevos retos.
Por ultimo realizar una evaluación de resultados,
una lección aprendida, un estudio de caso crítico, que permita incorporar
mejoras y validar experiencias que enriquezcan futuros procesos e
intervenciones propias o de terceros.
El reto es grande, más aun cuando es una realidad que
en las agendas de gobierno no se prioriza la inversión en prevención, esta no
es redituable en las urnas, resulta más útil políticamente, entregar ayudas
humanitarias a muchas familias afectadas haciéndolas destinatarias de una
generosa gestión, que invertir evitando una situación que no se va a
materializar, pasando muchas veces inadvertida por los malagradecidos
electores.
Aquí cobra importancia la presión social, posicionar
el discurso entre la comunidad sobre la posibilidad de materialización de un riesgo, incide en su
inclusión en la agendas municipales, destinando recursos para gestionar el
riesgo mediante la prevención, haciendo visible esa necesidad como una
iniciativa que nace en la base misma de la organización social y obligando
actuaciones, dándole vida en la agenda pública territorial.
14
de junio del 2017.



No hay comentarios:
Publicar un comentario