martes, 6 de junio de 2017

LOS HÉROES Y LOS REALITIES. UN NUEVO EJÉRCITO 1.0


Se llamaba Víctor Moreno Pino, soldado profesional con 6 años de antigüedad, corría el año 1992, esa noche jugaba un equipo paisa, el Atlético Nacional, su equipo favorito a pesar de no ser antioqueño sino chocoano, de uno de esos municipios pequeños del norte de ese departamento, donde solo prospera la miseria; el partido de semifinales era contra otro de la liga local para poder llegar a la final del fútbol colombiano, el soldado Moreno debía cumplir una misión junto con 19 hombres más de la compañía centella y fue seleccionado por ser uno de los de  mayor experiencia en combate, además de ser un operador preciso y eficiente de un lanzagranadas múltiple MGL, una de las armas de apoyo de su unidad.
Como casi todos los soldados del ejército, era parte de ese grupo enorme de colombianos a quienes las condiciones sociales y económicas les han impedido encontrar un modo menos arriesgado de ganarse la vida, en este caso luego de prestar 18 meses de servicio militar obligatorio, decidió continuar esta dura profesión haciendo parte del Batallón de Contraguerrillas Cacique Coyará con sede en Montería; salieron en la noche y unas pocas horas después, ya en la madrugada entran en combate quedando el comandante de Moreno y tres hombres más aislados del grueso de la tropa y bajo un fuerte ataque por parte de quinto frente de las FARC en el Urabá, el soldado Moreno junto con los cabos Mesa y Avilés, quienes habían sido soldados profesionales escalafonándose luego  como suboficiales, apoyados con  fuego de una ametralladora M-60 que operaba el soldado Leoncio, instintivamente bajaron a apoyar a sus compañeros, quienes cercados y a punto de ser aniquilados escuchaban salir las granadas de 60 milímetros del arma de dotación de Moreno Pino, éste apoyándose en las rodillas defendía a sus compañeros de los atacantes, siendo alineado por uno de ellos e impactado en la ingle derecha, la sangre brotaba a borbotones, Víctor Moreno Pino, el soldado profesional hincha del atlético nacional estaba herido en la arteria femoral, fue recuperado por su comandante  quien lo arrastró por la maleza, refugiándose con él y consolándolo con un apoyo aéreo para una evacuación que nunca llegó, así entregó valerosamente este hombre su vida.
Esa tragedia de valor supremo se repite, matizada, en la de cada uno de los miles de soldados del ejército colombiano asesinados en combate a lo largo de 53 años de guerra. Esta historia se une a otras gloriosas escritas en el pasado, desde los héroes anónimos de las batallas de la independencia, al sacrificio del Soldado Cándido Leguízamo Bonilla en la Guerra contra el Perú en 1932, o la valerosa muerte del Subteniente Conde Alvarado Mauricio en el corregimiento de Pavarandocito en 1993, o la del sargento Elmer Javier Pérez quien murió tratando de rescatar a los diputados del Valle, o del soldado profesional Jhon Fredy Hernández quien murió tratando de sacar a sus compañeros de un campo minado, o del subteniente Javier Carvajalino Calderón, sobrino del Terrorista Jesús Emilio Carvajalino, más conocido como Andrés París y miembro del Secretariado de las FARC, quien murió en Pajarito Boyacá tras la activación de más de 100 kilos de pentolita activada por uno de los integrantes de esa organización, todos esos nombres olvidados, todas esas memorias que solo duelen hoy a quienes los recordamos con cariño.
Esas memorias nunca han sido documentadas ni escritas, el gobierno nacional promulgó la Ley 913 del 2004, que destina el 19 de julio como el “Día de los héroes de la Nación y sus Familias” construyendo un monumento, más exactamente una plaza, la de los caídos, justo al lado del Ministerio de Defensa, en una de cuyas esquinas esta la “llama eterna”, que en supuesto homenaje debería estar ardiendo, custodiada con honores, como un símbolo de reconocimiento y  respeto hacia la memoria de estas miles de almas, siendo dicho sagrado rincón, uno de los sitios más sucios y descuidados de los alrededores, los invito cuando quieran a que lo visiten.
Los principios y valores que impulsaron a esos hombres a entregar su vida, fueron cultivados día a día, bajo la convicción de sus acciones y el entrenamiento enfocado en un objetivo, que es el propósito final de los ejércitos, ganar las guerras, mediante el combate o la disuasión; habla el Presidente, el Ministro y los comandantes, indicando que son unas fuerzas militares victoriosas, si así es, por que pretenden cambiar la imagen del ejército, lavandola con actos demagógicos como la participación de uniformados en marchas de apoyo a la comunidad LGTBI, o promocionando realities con famosos que juegan a ser soldados, trivializando el oficio y la vocación de los soldados, gastando inmensos recursos con propósitos mediáticos, desde cuando los soldados necesitan ser caracterizados por actores y modelos en decadencia para ser valorados por una nación olvidadiza e ingrata, esas preguntas retumban sin respuesta en mi cabeza.
Mañana no se recordaran los grandes héroes que han sido ejemplo de virtud y sacrificio en defensa de su patria, sino a Norma Nivia y a Angela Vergara llorando porque se les partieron las uñas saltando la roca del lancero; cambiemos las insignias de la patria, olvidemos la historia de lo que hemos sido, hagamos un circo en el altar de la patria.
Finalmente las acciones de los altos mandos son coherentes con el olvido, con ese reflejado en esa llama eterna extinta en esa plaza de los caídos, que más que un homenaje pareciese un lugar destinado al oprobio, como cuando el 9 de septiembre del 2016 en ese lugar de homenaje póstumo, el Ministro y los altos mandos condecoraron al Exterrorista, si tal adjetivo existe,  y ahora senador Antonio Navarro Wolf, allí mismo, justo al lado de la llama apagada, fría y olvidada, al igual que la mancillada memoria de nuestros héroes.


                                                                           06 de junio del 2017.

2 comentarios:

  1. es triste ver como este gobierno irrespetuoso tolera y permite esta falta de respeto y peor aun saca pecho de esto. buena y muy acertada columna mi coronel

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  2. totalmente de acuerdo, es muy triste ver como va en decadencia nuestro glorioso Ejército, y es más lamentable que se preste más atención a todos esos famosos cuando existe realmente más necesidad con nuestros héroes, con las personas que ofrendaron su vida y que algunas familias han quedado desamparadas, aveces me queda el sin sabor de pensar que ser picaro o salir en tv, es más importante y es mejor pago que ofrecer toda una vida de realmente sacrificios.... que triste

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